Tropecé con un extraño que pasaba y le dije “perdón”.
Él contestó “discúlpeme por favor; no la vi...”
Fuimos muy educados, seguimos nuestro camino, nos despedimos.
Más tarde, al estar cocinando, estaba mi hijo muy cerca de mí. Al darme la vuelta casi lo golpeo, "¡Cuidado!" le grité; él se retiró dolido, sin que yo notara lo duro que le hablé.
Estando todavía despierta al acostarme, una voz me dijo suavemente: "Trataste al extraño cortesmente. Pero gritaste del niño que amas."
Ve a la cocina y encontrarás unas flores en el piso, cerca de la puerta.
Son las flores que cortó y te trajo, rosa, amarilla y azul. Estaba calladito para darte la sorpresa y no viste las lágrimas que llenaron sus ojos."
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